Que triste, que pudiendo no esta en ese lugar sombrío, nos abandonemos a su merced. Nos dejamos llevar por sus corrientes de aire gris. Somos otra más de las miles de ojas secas de otoño que arrastra lejos. No hablo por ustedes. He aprendido a no hablar en plural desde que lo escuché hablando así de mí y colocándome en una cifra asquerosa en la que no quiero estar. Quizá se habla en plural por la esperanza de encontrar sujetos que se sientan como uno. Personas iguales a nosotros, con nuestras mismas ideas. Yo hablo por mi misma en plural y todas las que soy. Que siempre quiero conservar en dos, pero se han ido multiplicando a mis expensas y ya he perdido la cuenta. Incluso aunque no sepa cuantas son, puedo saber cómo se sienten, cada parte de mi cabeza. Cada emoción. Vacío, silencio. Nadie quiere hablar.
Hacen falta las fuerzas que lo provocan. Casi ni a respirar se atreven. Este sube y baja de sentimientos incontrolable. Jamás constante. Pudiendo serlo, pero como dije, nos dejamos llevar. Pero de tantas veces que he estado aquí, he encontrado un nivel distinto. Se llama melancolía. Es mi favorito. Un suspiro azul, agua corriendo en un arrollo, árboles secos y niebla. Cuervos y urracas, cielo gris. Puedo sentir el agua tocando mis pies. Es tranquilo. Creo que me quedaré aquí hasta que el sol vuelva a brillar allá afuera.