jueves, 27 de octubre de 2016

Verdes prados, flores amarillas

Extensa pradera, fírme, serena, consciente de su grandeza, fértil, protectora, sabia. Rocío matutino llora las hojas de tus frondosos árboles... hermosa y melancólica extensión de alegría. Pegada a la tierra, das fruto a los más bellos sueños... los vientos que te recorren acariciando el pasto que te cubre, llevando suspiros a mis oídos... tan dulce, tan noble. Me gustaba sembrar árboles frutales, y tú sonreías con tu verdor y la calidez que me regresabas no puedo compararla con otra sensación más agradable... Todo iba muy bien hasta que aquél día nublado.. sembré una semilla negra, y el fruto quiso crecer, pero lo arrancaste de raíz, y el viento se lo llevó lejos, dejando una marca profunda en tu planicie, y cuando caminé cerca para observarla con mis cínicos ojos, sentí que me devolvías la mirada desde el abismo con dolor, con miedo, ¿sembrará otra semilla?, ¿volverá a hacerme daño?...
Corrí por los campos, a buscar flores, y una flor amarilla resaltó de entre todas, la flor más hermosa que haya visto jamás. Una flor con un valor incalculable, inexorablemente me enamoré de ella, y la tomé en mis manos... No me cortes, me dijo. No me cortes, porque si me arrancas, no habrá vuelta atrás... seré tuya, y me dolerá si algún día me abandonas en algún jarrón. Por favor, no me cortes...
Hice caso omiso de sus ruegos, y la corté, con alevosía, casi con maldad. Mis manos apretaron su tallo y tiraron hacia arriba, un faisánido gritó a lo lejos, dejando un rastro de angustia en mis oídos.
Quiero quedarme en tus manos para siempre, me susurró. Mi corazón latió tan fuerte, y mi emoción era tan grande, que los días y las noches que pasé con ella en mis manos, parecía que pasaban en sólo un segundo, y quería más, cada vez más... Lo que sentía crecía y crecía hasta el paroxismo...
Hasta que te escuché gritar, desde las entrañas de la tierra, un grito desesperado, mi ser se volcó en lágrimas hasta que perdí las fuerzas de levantarme. ¿Qué estaba haciendo? Ya no hay vuelta atrás, decía la flor amarilla... y mi cabeza giraba y giraba, y la locura se apoderaba de mí. Extraño tus manos sembrando semillas... regresa... olvidaré el dolor, quiero que vuelvas... no me arranques por favor... olvidada en un jarrón... para siempre...
Perdí la conciencia, la flor cayó de mis manos... y con ella se fue la mitad de mi vida...