martes, 23 de junio de 2015

Un gato negro en la ventana

Alguna vez pensé que estaba sola en el mundo, no volteaba a ver a mi alrededor. Como aquella muñeca fea y olvidada, yo tengo mis propios amigos. Mi propia compañía, que quizá no se percata de mi presencia, pero me gusta pensar que sí. Porque son parte de mi, y yo de ellos, o quizá no así, pero somos parte de un todo, son mis hermanos, somos materia, energía que llenamos el espacio vacío.Soy coleccionista, perfeccionista, obsesiva, desde pequeña. Pequeñas metas para sobrevivir al aburrimiento de quien no sabe qué hacer en la vida. De quien no tiene ganas de hacer lo que otros hacen. Quien, como dice la frase, de no ser por la maldita gravedad, se arrojaría al cielo.
Siempre me ha impresionado el universo. Los telescopios, las constelaciones, los dibujos celestes, las maquetas de pequeños planetas a escala. El contraste de lo negro abismal con el brillante parpadeo de un sol. Es lo que me tranquiliza siempre. Mirar el cielo. Jamás me aburro mirándolo. A pesar de que siempre es el mismo. Me hace sentir pequeña y libre. Parte de él. Me hace sentir que vuelo. Que no soy un pez en una pecera llamada tierra. Que puedo irme cuando lo desee.

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