Nací y crecí en un abismo solitario, un abismo profundo e infinito en el que era feliz a mi manera. Es doloroso pensar que esas estrellas fugaces que llegan a iluminarme y a compartirme su alegría se quedarán para siempre. Dolorosa su partida. Difícil acostumbrar mis ojos a mirar de nuevo en la negrura que me rodea, después de tanto brillo. A veces pienso en arrepentirme de haberlas dejado atravesar la delgada tela nocturna que me rodea, pero no puedo. Y aunque quisiera tenerlas de nuevo, sé que es imposible. Gracias estrella violeta por pasar sobre mi ciudad. Te extrañaré. Puedo verte con mi telescopio en el infinito exterior siendo lo que quieres ser: libre. Te quiero aunque te olvides de mi cielo. Aunque llegues a otro como una estrella inmóvil y te quedes ahí para siempre. Un cielo más hermoso que el mio, un cielo perfecto. Un cielo que no cometa errores. Un cielo sin contaminación. Un cielo que te de la atmósfera que deseas. Un cielo tuyo. Y que juntos sean inseparables. Y que se complementen. Y que sean invencibles...
Me gusta la tranquilidad de mi noche, me gusta flotar en este vacío. Me gusta estar rodeada de melancolía azul. Me gusta que me consuma y volverme de su color y llorar lluvia y suspirar vientos, anhelar imposibles, vivir utopías. Aferrarme a lo volátil. Caer al profundo oceano y sentir el abrazo de sus aguas, dejarme mecer por sus brazos de olas. Y de pronto un feroz tifón me arranque de las aguas para flotar de nuevo en el universo.
Detrás del DrenDrán, la puerta de los sueños, después de la ciudad de DomNotte, atravesando la verde planicie, está un castillo en el que guardo mis pensamientos. Mi propio palacio de la memoria. Que se llena de libros y objetos todos los días en diferentes habitaciones. Solo yo y mi mascota podemos entrar ahí. Nadie más. Y ahora no me han quedado ganas de salir. No quiero más visitantes. Por hoy quiero ver el cielo negro, sin ninguna estrella...
No hay comentarios:
Publicar un comentario